

Un saltador en el Puente Romano. La fotografía,
supuestamente de Reza, pertenece a la Diputación y se publicó en
1979 en el nº4 de la revista Orense.
Fue durante los
días de más calor del año 1932, cuando los jóvenes
ourensanos frecuentaban el
río, que comenzó a escucharse el rumor de que la ciudad y
nuestro rio necesitaban vivir gestas deportivas.
Me preguntáis con frecuencia: "¿Cómo
sabes tantas historias de la ciudad?" Y yo, con
total sinceridad, admito que la mayoría las desconozco; es
solo a raíz de mis lecturas de vieja prensa que me encuentro
con ellas y siempre que puedo disfruto tirando del hilo. Ese
es el caso que hoy nos ocupa.
Fue durante los días de más calor del año 1932, cuando los
jóvenes ourensanos frecuentaban el río, que comenzó
a escucharse el rumor de que la ciudad y nuestro rio
necesitaban vivir gestas deportivas. Mimbres había,
Ayda, Lydia y Amalia Vázquez entre las féminas, o Valcárcel,
Quiroga y Blanco Vega en masculino, en repetidas ocasiones
habían tenido triunfos en competiciones regionales; los dos
últimos ese mismo verano del 32 cubrían a nado el trayecto
de Ourense-A Guarda. Y en cuanto a navegación, a pesar de
ser provincia de interior, también tenemos buenos
profesionales tanto en motor como a remo: Pemán, Monjardín,
Mendoza, Méndez, etc...
Primeros pasos como club náutico
Daba los primeros pasos como Club Náutico
Orensano, pero finalmente en mayo del 33 se reúne por
primera vez la que iba a ser Deportiva Fluvial Orensana (el
nombre era lo de menos) y mientras se redactan los estatutos
y se preparan las elecciones de directiva, se abre la
inscripción de socios durante todo el mes de junio. Para que
los ourensanos vieran que la idea iba en serio, se ultimaban
en esos días los detalles para abrir el merendero “de
Barreiros”, en la zona del Puente Nuevo, y lo más llamativo:
se levanta un majestuoso trampolín desmontable de dos pisos
que además de hacer las delicias de los intrépidos
saltadores servía de espectáculo para los bañistas. Así
mismo se instaló un barracón habilitado como baño, pequeñas
casetas a modo de vestuarios para ambos sexos y se dispuso
de embarcaciones para mejor disfrute del río. No
fue necesario más (que no era poco) para que toda la
sociedad apoyara la DFO.

Trampolín del MIño. Foto Villar, Archivo Dorzán.
Programa de fiestas de 1936.
Después de ese verano en el
que las riberas del Miño se vieron atestadas de bañistas, empiezan
las primeras recompensas: se organizaba ese mes de septiembre una
fiesta de hermanamiento con Pontevedra y la Deportiva recibió la
invitación de su homónima de la ciudad del Teucro (el Náutico) para
utilizar las embarcaciones gratuitamente, y pocos días después la
invitación formal de la Gimnástica de Pontevedra para participar
en una competición de natación. Ésta, aunque de agradecer,
hubo de rechazarse dado que los dos meses de entrenos de los
ourensanos no permitían el nivel requerido.
Todo esto anima al club a seguir trabajando y el
segundo objetivo comienza a ver la luz; el club se hace con un bajo
en la céntrica Fermín y Galán 22 (hoy Paseo) en donde inaugura un
gimnasio de gran nivel en diciembre de ese mismo año bajo la
dirección técnica de Rafael Tejada.
El que había sido nombrado presidente de la entidad,
Justiniano Meleiro Tejada, había sabido arroparse de la prensa: La
Región y El Pueblo Gallego le daban cobertura total a cada proyecto,
pero también instituciones y particulares apoyaban la empresa. Como
ejemplo: las oficinas eran locales cedidos por el colegio Concepción
Arenal (entonces ubicado en el que había sido Colegio Maristas,
actual Subdelegación de Defensa), los deportistas que entrenaban en
el gimnasio eran examinados gratuitamente por doctores socios del
club quienes les daban consejos de alimentación y elaboraban su
tabla de entreno. Así era como los escasos ingresos se estiraban al
máximo para afrontar nuevos proyectos. Llegó a contar con 1.100
socios, como recordaba uno de los miembros de la directiva, Roberto
Monjardín (quien años después sería responsable de las fiestas y
Comisión de Cultura de la ciudad).
La promesa de una playa fluvial
El que más gustaba a todos los ourensanos era el de la
construcción de una playa fluvial. Para ello se contaba con
el proyecto realizado de manera altruista por el sr. Calderón,
ingeniero de la MZOV, que proponía acotar una zona del río para el
baño seguro, en la que podrían hacerse competiciones de natación y
saltos. Las obras correrían a cargo de la sociedad y el Ayuntamiento
facilitaría la urbanización y servicios de la zona (existió una
maqueta que no he conseguido localizar). Uno de los problemas
surgidos fue el de tener que desplazar a las lavanderas. En mayo del
34, la empresa contratada comenzaba las obras. Con el permiso tácito
de la Confederación Hidrográfica.
Para no descuidar ningún aspecto de la salud de los
ourensanos, la Deportiva no duda en organizar actividades
culturales, siendo la primera la conferencia de don Emilio Amor
sobre Cultura Física que se impartió en el gimnasio de la sociedad. Todo
estaba en marcha y aparentemente bien encauzado, sin embargo...

Los fluviales, en el trampolín.
El siguiente dato es de los que no me gusta apuntar,
pero... en el verano del 34 el trampolín no pudo ser utilizado
debido a problemas de consistencia (a pesar de que se revisaba
constantemente), y también empezaron a alzarse voces con trasfondo
político. La sociedad ofreció el proyecto y todo el trabajo
realizado a condición de que el Ayuntamiento se hiciera cargo del
resto de las obras, pero el malestar seguía reinando.
De alguna manera, y sin entrar en profundidades,
quienes habían comenzado en esa aventura de manera altruista, al no
verse respaldados fueron poniéndose a un lado, y quienes quisieron
continuar no
fueron capaces de salvar esos escollos, las obras se
pararon, la matricula del gimnasio descendió abruptamente. Aunque la
nueva directiva no quiso arrojar la toalla y buscó en otras ofertas
la continuidad a la espera de cambios de actitud, fue así como se
empezó a trabajar en nuevas secciones, ciclismo, boxeo, baloncesto,
montañismo, todas ellas para crear afición, y al mismo tiempo se
organizaron eventos con profesionales para estimular la práctica de
ellos. Los más sonados fueron las veladas de boxeo.
Un proyecto fallido
Por desgracia, y para dar la puntilla, llegó el año
36, que se llevó por delante los sueños que pudieran albergarse de
deporte en el Miño.
El siguiente paso muchos ya lo conocéis, la “playa”
finalmente se traslado a la zona de Oira, donde solo era posible el
baño lúdico, no el deportivo, y quienes querían seguir practicando
saltos en el río tenían que hacerlo escalando la cepa del Puente
Viejo.
¡Bueno!, otro bello proyecto que no hubo forma de
sacar adelante.
De aquellos tiempos cuentan una anécdota que me
apetece recuperar: no todo el mundo disfrutaba de tomar el sol
escaso de ropa, pero sí les apetecía mostrar una piel bronceada,
como pedía la moda, con lo cual optaban por el uso abusivo del
“yodo”, que si bien cambiaba el color, no permitía mucho disimulo
por más que el penitente defendiera que era el tono que adquiría su
delicada piel... ¡cosas!