GALICIA : ¡ QUÉ ERROR!  ¡ QUÉ HORROR! UN ARTÍCULO DE ROBERTO L. BLANCO VALDÉS.

( Artículo aparecido en el diario La Voz de Galicia del día 22 de octubre de 1999. Las ilustraciones y los comentarios son del autor de la página www. Pido perdón al autor.)

 

Paisaje de la Costa de Finisterre.

(¡ Qué error ! ......)

Si yo les dijera que el más grave problema que Galicia tiene hoy planteado es el del deterioro del medio ambiente y del paisaje, seguro que muchos de ustedes pensarían, de inmediato, que estoy exagerando. Lo pensarían, desde luego, los padres que tienen un hijo toxicómano, o los jovenes en paro que llevan meses buscando un primer  puesto de trabajo, o los desempleados de larga duración que viven pendientes de un cortísimo subsidio, o , en fin, los millares de ancianos que no saben el día primero cómo conseguirán llegar a últimos de mes.

  Lo pensarían, sin ningún género de dudas, y todos ellos estarían en lo cierto. Porque, ¿ qué son el medio ambiente y el paisaje frente a las necesidades individuales más extremas y acuciantes o frente a la pesadilla de las drogas?.

  Y, sin embargo, creo de verdad que nada es en Galicia en la actualidad más preocupante que el acelarado y parece que imparable deterioro del medio ambiente y del paisaje. Hablo, claro, de Galicia y no de los gallegos, que son Galicia esencialmente, aunque no exclusivamente. Galicia es, en efecto, antes que nada y sobre todo el conjunto de personas que en ella viven y trabajan -los gallegos de nacimiento o vecindad-, y los problemas de Galicia son, por lo tanto, antes que nada y sobre todo, lo que afectan individual o colectivamente a los gallegos. ¡ Cierto!. Pero Galicia es también un soporte físico, es decir, un territorio.

   Y es a esa Galicia, al territorio que nos han legado nuestros padres y que hemos de legar a nuestros hijos, a la que me refiero cuando afirmo que de no reaccionar con energía y rapidez Galicia, sencillamente, desaparecerá.

  De hecho, una buena parte de Galicia ha desaparecido ya de forma casi irremisible. ¿ O es que no se han esfumado la mayor parte de nuestros pueblos marineros, arruinados por la especulación de docenas de empresas constructoras, la estupidez vanidosa e irresponsable de cientos de arquitectos, la barbarie de miles de propietarios obsesionados por multiplicar cien veces su patrimonio y la incuria criminal de unas autoridades que, en demasiados casos, no se merecen ni un solo día el sueldo del que viven? ¿ O es que no se ha deteriorado hasta extremos inimaginables el habitat rural, con esas alucinantes casas sin recebar y sin pintar que son como manchones en el territorio, con una arquitectura y un urbanismo sencillamente delirantes, con los implacables galpones de bloque y uralita agrediendo constatemente a lo poco que va quedando tras la furia destructora de todo aquello que huele a piedra o madera? ¿ O es que no se convierten, en cuanto te descuidas, en basureros las cunetas y las playas y sus bosques circundantes?.

 

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(¡ Qué horror! .....................)

   Sí, tiene usted razón, ¿ a qué negarlo?. Escribo enrabietado e indignado, porque, recientemente, volviendo con mi padre hacia el pueblo donde vive, nos paramos en lo que había sido no hace mucho un maravilloso mirador y vimos sólo un inmenso estercolero; enrabietado e indignado, porque en ese mismo pueblo acaban de arrasar un sanatorio esencial en su memoria colectiva y el maravilloso jardín que lo rodeaba para hacer varios bloques de viviendas a no más de cien metros de un campo abierto donde existen miles de hectáreas de suelo urbanizable; y enrabietado e indignado, porque no he podido enseñar a mis hijas uno de los paraisos de mi infancia y de mi adolescencia -la illa de Arousa- que es sólo ya un esperpento de lo que fue no hace tantos años; en la Playa del Bao las conchas que  Clara, Carmen e Irene trataban de encontrar han sido sustituidas por todos los desechos humanos que cabe imaginar, y su humedal, que un cartel anuncia de interés internacional, se inicia un inmenso pozo negro en el que vacían las aguas residuales de los vecinos de la zona.

  ¡ Es un horror! ¡ Y es una catástrofe! Tal horror y tal catástrofe que no cabe acudir al fácil expediente de echar toda la culpa a las autoridades. El problema del deterioro del medio ambiente y del paisaje es en Galicia un problema social que hunde sus raíces en la falta de acompasamiento entre el crecimiento económico y el desarrollo cultural. Por eso, aunque la responsabilidad de los poderes públicos es indiscutiblemente inmensa, ninguno de ellos podría por sí sólo hacer frente a una calamidad de tal envergadura. Los poderes públicos tienen la obligación inexcusable de vigilar, de promover, de disciplinar, de prohibir llegado el caso y de sancionar con toda la dureza que sea necesaria, de invertir y mejorar, pero ninguna Administración podría hacer frente sin la colaboración ciudadana a una tarea tan monumental como la que tenemos actualmente ante nosotros.

   De hecho, quizás el primer gran error de las administraciones haya sido precisamente no prever cuáles podían ser las consecuencias que un crecimiento económico tan acelerado iban a generar en una población afectada por un gravísimo subdesarrollo cultural. Y quizás por ser ese su error, es también ahora su primera responsabilidad: la de trasladar a la ciudadanía la necesidad inaplazable de frenar en seco, la voraz acometida a un territorio de belleza incomparable que podría ser capaz de resistir finalmente el ataque bárbaro e indiscriminado de una parte de quienes viven hoy en él.

 

         salir.jpg (922 bytes) Salir.