Es bueno que la naturaleza nos recuerde quién manda aquí

Lunes, 25 de Enero de 1998

(Artículo de Ramón Ares Noal. Peridista, delegado de la Voz de Galicia en la Comarca del Barbanza).


     Las riadas, las inundaciones, no son fruto de la improvisación de la naturaleza, sino más bien consecuencia de la voracidad de la llamada sociedad moderna. Sobradamente conocidas las causas, pues se repiten en poblaciones periódicamente afectadas como son las de Muros, Caldas de Reis o, hasta hace poco, Padrón, el hombre tiene la facultad y la capacidad para prever estas incidencias sin que para ello haya que esperar a que se produzcan o, lo que es peor, existan víctimas. Solo con respetar la soberanía de la naturaleza habría que concluir que los cauces naturales son sagrados y que cuando se vulneran, con obras o desechos, el río precisa alternativas que garanticen su libertad. Hasta es bueno que la naturaleza nos recuerde de vez en cuando quién manda aquí.

    Cuando Gaspar Melchor de Jovellanos, el 20 de febrero de 1810 arribó a Muros a bordo del bergantín "Covadonga" se encontró una población marinera en la que llamaban la atención los porches con las pequeñas embarcaciones amarradas a las argollas de los arcos. Hoy, estos soportales forman parte de la población, bajo ellos uno puede protegerse del sol veraniego y de la lluvia del invierno. Aquel mar que con sus olas erosionaban incansable el granito durante décadas se encuentra ahora a decenas de metros: fue separado a la fuerza a base de rellenos . Pero ¿ por qué ganar terreno a la ría cuando hay tanto kilómetros de tierra hacia los que crecer ?.

    El hombre ( ¡ siempre el hombre !) es culpable y víctima de sus errores, porque no duda en vulnerar los cauces de los ríos con el pretendido discurso de crear paseos para realzar lo natural ( obras que no suelen llegar más allá de un año tormentoso) y hasta se atreve a hacer uso de las cuencas fluviales para establecer viviendas e incluso explotaciones hoteleras ( recuérdese la tragedia del cámping de Viescas) convencido de que, ganada la batalla al mar, ya ha sometido al río.

     Domada el agua sólo quedaba el dominio del fuego ( agua y fuego, elementos contrapuestos ¿ o complementarios?) y las llamas humillaron a los montes y éstos nos ofrecen hoy su cara festiva,el brillante engaño de los peñascos bañados por la lluvia, muestra de la erosión incipiente, punto de partida de las escorrentías que confluyen en innumerables regatos que concentrarán toda su fuerza en el cauce para recuperar el terreno perdido allá donde el hombre se ha erigido  señor de todas las cosas.

     Una ley física nos enseña que cuando se reduce el recipiente de un líquido desborda y más aún si aumenta el contenido. Y los hechos demuestran que al mar se le ha recortado su lecho justo cuando los polos deshielan a consecuencia de los agujeros de la capa de ozono; o que los ríos han perdido la capacidad de sus cauces al ser canalizados, invadidos por la basura doméstica y hasta desviados; y que los montes ya no tienen el poder de absorción de agua porque, sencillamente carecen de árboles.

     Un comentarista apuntaba estos días que Galicia es " donde chove máis bonito " . Cabe entonces preguntarse ¿ por qué Muros no había sufrido nunca unas riadas de la magnitud de las de 1994 y las de esta semana?. Hermano, la respuesta está en el aire, cantaba Dylan.


 

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